Salmerón sobre Cien Años de Confusión

El profesor Pedro Salmerón escribió un par de artículos muy críticos acerca de Cien Años de Confusión. La respuesta se publicó en Internet el 4 de agosto de 2013, y aquí se reproduce:

Hace seis años, publiqué con Editorial Taurus un libro titulado “Cien años de confusión. México en el siglo XX.” El libro, creo que todavía, es el primero escrito por un mexicano tratando de revisar críticamente no sólo eso que llamamos Revolución Mexicana, sino el siglo entero. Por lo mismo, esperaba que hubiese personas molestas con la argumentación, que me reclamaran la traición al alma nacional.

Hace un par de años, el profesor Pedro Salmerón empezó a escribir una columna en el periódico La Jornada que intituló “Falsificadores de la historia”, en donde ha decidido criticar mi libro, o más bien mi persona. Hace un año escribió un par de artículos en esa columna que decidí no responder, porque no me pareció que tuvieran fundamento, pero que ahora reproduce en un espacio de internet: “El presente del pasado”, una publicación del Observatorio de la Historia.

Aunque se trata de la reproducción directa de los dos artículos mencionados, veo que termina con la promesa de una nueva entrega para poder criticar mi postura acerca de la industria petrolera. Creo que tanto los artículos anteriores, aparecidos alrededor de la elección presidencial del año pasado, como el actual, no tienen como objetivo discutir el libro de referencia, sino desacreditar al autor para evitar una discusión del presente.

Entiendo que el doctor Salmerón es profesor del ITAM, y autor de varios libros sobre Villa, que no conozco, pero que me dicen que son buenos. También es conocido, porque él lo ha dicho en su cuenta de Twitter, que es un convencido apoyador de López Obrador. A lo mejor esto explica su molestia conmigo.

El artículo que publica en el Observatorio de la Historia tiene cuatro puntos numerados. En el primero afirma que me ostento como “un pensador que nos revela una verdad novedosa y espectacular: la revolución mexicana nunca existió; es un mito o invención ideológica, una ‘falacia post facto’ de la que se servía un régimen premoderno en materia política y precapitalista en materia económica (un fósil del siglo XVIII)”. En realidad, parte de esa frase aparece en la introducción de mi libro, pero dice siglo XVII. Y efectivamente, ése es mi argumento. Lo de ostentación es una descalificación suya que no parece necesaria. De inmediato dice que esta afirmación sería “sumamente interesante, de no ser porque está montado sobre argumentos falaces, omisiones tramposas y mentiras tan gordas que invalidan cualquier conclusión”. Desafortunadamente para tanto adjetivo, el doctor Salmerón no es capaz de mostrar esos argumentos falaces, omisiones tramposas y mentiras tan gordas. Lo que hace en los siguientes párrafos es afirmar que en donde no coincidimos, yo soy falaz, tramposo y mentiroso. Simples insultos. Más claro: el resto del primer punto sólo cita frases de mi libro sin ninguna crítica o aclaración de su parte.

El punto 2 de su texto viene de uno de sus artículos en La Jornada en donde critica mi afirmación de que la primera Revolución, la de Madero, no es agraria, y que va a ser hasta los años veinte cuando el agrarismo en México se convierta en una fuerza importante. Dice que no revisé fuentes primarias, lo que es absolutamente cierto, porque no hice un libro de historia, ni una tesis doctoral. El libro se funda en fuentes secundarias, porque lo que trato de hacer es difundir entre los mexicanos un conocimiento histórico que los historiadores no han podido comunicar adecuadamente. En particular, creo que no han sido tan contundentes en decirnos, por ejemplo, que las estimaciones de propiedad de Frank Tannenbaum son absurdas, y que por lo mismo nos ha hecho falta entender a México como un país diverso, en el que convivían entonces espacios de plantación (que eran poco menos que esclavismo), con haciendas que explotaban mano de obra (como en el centro del país), con haciendas que eran explotadas por la mano de obra (en el norte). Cita a varios historiadores que afirman la importancia del problema agrario y el carácter revolucionario del zapatismo. De lo primero no tengo duda, del carácter revolucionario del zapatismo, sí, muchas dudas.

Para discutir el tema de propiedad en el norte del país se va a la guerra del Yaqui y a las revueltas de Chihuahua en 1890. ¿Cómo qué tienen que ver con la Revolución? Incluso afirma que esas revueltas tienen que ver con la democracia, lo que me parece un poco anacrónico. Pero continúa su crítica citando levantamientos y revueltas que sigo sin entender cómo se ubican en el proceso general. Mi argumento es que la Revolución Mexicana, entendida como ese levantamiento general del pueblo en contra del dictador Porfirio Díaz, es algo inventado. Nada de lo que dice el doctor Salmerón contradice mi afirmación.

En su punto 3, que es otro artículo publicado en La Jornada, dice que mi afirmación acerca de la inexistencia de causas reales de la Revolución (más allá de la vejez de Díaz) es falsa, pero sin aportar pruebas al respecto. Me acusa de querer borrar a los magonistas, por ejemplo. Pero no es que quiera borrarlos, es que los magonistas tienen sentido en la Revolución como un asunto posterior. Su Partido Liberal sin duda está detrás de las revueltas de Cananea y Río Blanco, y se les puede acusar de provocar la muerte de varios trabajadores, de eso no tengo duda. Pero conectar eso con la Revolución, que ocurrió varios años después, sin la participación de los mineros de Cananea ni de los obreros de Río Blanco, es lo que me parece que es un invento posterior.

Es decir, lo que hace el doctor Salmerón no es demostrar que yo estoy equivocado, sino recitar lo que tradicionalmente se ha afirmado como verdad histórica en México. Pero eso es precisamente lo que yo insisto que es mentira. Y no hay en sus textos una evidencia clara de la conexión entre el Partido Liberal de los magonistas y la Revolución de Madero o las posteriores, ni hay una muestra clara de que hubiese una revolución agraria antes de 1920 de la magnitud de la ocurrida posteriormente.

Lo que sí hay es un alud de adjetivos. Todo indica que el doctor apenas leyó los primeros tres capítulos del libro, y por eso le llama la atención la gran cantidad de menciones a Alan Knight. En esos capítulos simplemente resumo la narración de la Revolución y los años posteriores para que el lector pueda conocer una gran cantidad de cosas que no han sido adecuadamente difundidas: las mentiras de Tannenbaum, por ejemplo, y las diferencias en fechas y cifras que hacen muy complicada la versión oficial, que es la que el doctor Salmerón defiende con denuedo. Uso a Knight y a Tobler como referencias porque la revisión de la historia de México ha sido hecha por extranjeros. Es también conocida la aversión que Knight provoca en Salmerón. El recién emérito de Oxford debe ser otro falsificador de la historia, me imagino.

Cuando publicó sus artículos en La Jornada decidí no responder, porque me parecía que cualquier persona que leyese sus artículos y mi libro no tendría duda de la diferencia de calidad en la argumentación. Ahora que los reproduce en un espacio llamado “Observatorio de la Historia”, entiendo que imagina que la falta de respuesta previa fue una especie de aceptación de sus acusaciones. Por eso escribo este texto.

Tanto el título de su columna, como el tono de sus artículos, como el estilo de sus opiniones en twitter, me han convencido de la inutilidad de intentar discutir con el doctor Salmerón. Su opinión sobre la historia nacional es diametralmente opuesta a la mía, y su “estilo argumentativo” es también muy diferente. El considera que ciertos escritores no pueden opinar sobre historia nacional, porque no son historiadores, ni aceptan verdades establecidas en esa materia. Yo soy ingeniero, y un convencido de que todas las opiniones pueden ser discutidas, algunas más, otras menos.

Me parece que acercarse a la historia, o cualquier otra faceta de la realidad, con una postura ideológica tan rotunda como la del doctor Salmerón hace imposible conocer cosas nuevas. No tengo problema en que él lo haga, pero sí me parece inadecuado que intente impedir a otros tener una mente más abierta.

Si lo que quiere es demostrar que mis argumentos son erróneos, no es tan difícil. Puede mostrar que la economía nacional antes de 1910 era una catástrofe, si consigue datos que digan eso; o puede mostrar que detrás de los Flores Magón había un movimiento popular sólido, que se sumó de inmediato a la revuelta de Madero; o puede mostrar que el pueblo apoyó decididamente a Madero en cuanto éste llegó a la presidencia. Si eso puede demostrarse, entonces yo estaré equivocado y tendré que corregir. Pero si eso no se puede demostrar, como no ha sido posible hasta ahora, entonces no queda duda de que la Revolución responde fundamentalmente a la vejez de Díaz y a su incapacidad de heredar el poder.

Mi libro continúa con otros temas que creo que pueden servirle al doctor para tener una visión diferente del siglo XX mexicano. Específicamente, creo que podría coincidir conmigo en que en ese siglo México fue un fracaso gracias al régimen autoritario con ideología colectivista que llamamos Nacionalismo Revolucionario, o Priísmo. Pero no, olvidaba que para eso se requiere una mente abierta.

Como decía antes, no tengo mucho interés en debatir con el doctor Salmerón porque su estilo argumentativo no creo que permita ganar mucho. Si alguien tiene dudas al respecto, creo que basta confrontar mi libro con los artículos del doctor. Porque de eso se trata, de los textos, no de las personas. Por mi parte, se cierra este tema.

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