The West and the Rest (El Universal, 10/nov/2011)

Perdón por poner el título en inglés, pero así es el título del nuevo libro de Niall Ferguson, historiador escocés que trabaja en Estados Unidos, muy popular por sus libros, pero también por sus programas en la BBC. Y es que el título suena bien en inglés, pero no en español: occidente y los demás no rima.

Ferguson ha escrito una gran cantidad de libros, pero desde hace algunos años lo que hace es producir simultáneamente programas de televisión con sus escritos. Un poco como Carl Sagan, que hace pocos lustros nos ayudaba a entender el universo de la misma manera. Ferguson tiene algunos libros de historia muy relevantes (el que escribió sobre la Primera Guerra Mundial, por ejemplo), y sobre historia financiera (Poder y Dinero, aunque se llame igual que el programa de Canal 11 en que tengo el honor de participar, o Ascenso del Dinero, más reciente aún). Sin embargo, en este nuevo libro, me parece, don Niall nos queda a deber.

El libro se centra en lo que Ferguson llama las “aplicaciones matadoras” (killer apps) que Occidente logró construir y que le permitieron convertirse en la región más desarrollada del mundo hace cerca de 500 años. Estas aplicaciones matadoras, seis, son: la competencia, la ciencia, el estado de Derecho, el consumo, la medicina y la ética del trabajo. Cada una de ellas se lleva un capítulo, que sumados a la introducción y la conclusión completan el libro. No sé si es pura imaginación mía, pero el libro arranca muy bien y se va deteriorando hacia el final, de forma que el último capítulo: la ética del trabajo, y las conclusiones, me parecieron francamente desastrosos.

Para poder platicar mejor de este libro permítame recordar otros dos de los que hemos hablado en el transcurso del año: el de Ian Morris, ¿por qué manda occidente? y el de Francis Fukuyama, el Origen del Orden Político. Ambos libros tienen una perspectiva de muy largo plazo, y son resultado de una amplia investigación, aunque sus enfoques difieren. Pero al comparar el más reciente de Ferguson, éste sale perdiendo. No hay duda de la habilidad de Ferguson para escribir, ni de su amplio conocimiento histórico. Pero sí da la impresión de no haber investigado a fondo el tema. Morris nos ofrecía un indicador para analizar occidente y oriente, indicador que requirió mucho trabajo de compilación de información y procesamiento. Fukuyama nos ofrece una revisión histórica muy amplia, pero al mismo tiempo con toda la profundidad necesaria para defender su polémica propuesta, como es costumbre en él.

Ferguson, en cambio, parece estar en plática de café, seleccionando anécdotas para su argumento. El capítulo de competencia es sin duda muy bueno, comparable con varios segmentos de Morris y Fukuyama que van en la misma dirección: Europa tuvo la ventaja de la competencia entre estados, por condiciones geográficas, que no tuvo China. El capítulo dedicado a la ciencia es también bastante bueno, aunque me parece que hay mucho de la Ilustración que pudo haber utilizado y dejó de lado. En su aplicación “estado de Derecho”, Fukuyama es sin duda superior, porque ése es precisamente su punto de partida. Pero aquí hay un problema de tiempos: el libro de Ferguson apareció en Inglaterra en marzo (en Estados Unidos apenas en este mes, y lo mismo en Kindle), mientras que el de Fukuyama apareció en abril. Tal vez pudo Ferguson aprovechar el trabajo de Fukuyama para la nueva edición, pero me imagino que no le dio tiempo de hacerlo. Además, no parece tener mucho respeto por el politólogo dadas las dos menciones del “fin de la historia” en su libro, ambas en tono de burla, como es común (y yo insisto, porque no leen bien).

Pero si estos tres primeros capítulos son buenos, los siguientes tres no lo son. El capítulo sobre el consumo es bastante triste, porque dejó de lado mucho del trabajo de economistas e historiadores que pudo haberle ayudado. El de medicina lo mismo, y el último, el de ética de trabajo, se convierte en una mescolanza bastante grave: primero parte de Weber, con el famoso ensayo sobre la ética protestante, que como es sabido tiene serias fallas metodológicas, y luego lo confronta con Freud, que es indefendible. El capítulo va moviéndose de ética del trabajo a religión sin tener un punto claro, que perfectamente pudo haber tenido el señor Ferguson de haberle echado un ojito a los dos textos de Deirdre McCloskey que hemos comentado con usted en estas páginas.

En suma, un mal libro, para los estándares de Ferguson. Esto no quita que los dos de historia financiera que le mencionaba: Poder y Dinero y Ascenso del Dinero, sean excelentes, lo mismo que su libro sobre la Primera Guerra Mundial. Pero da la impresión que en esta ocasión le ganó el contrato y la presión, y acabó haciendo algo aceptable para la tele, pero muy por debajo de su nivel académico. Y esto, siempre, es un poco un insulto para los lectores.

Esperemos que el próximo año nos ofrezca algo mejor, pero éste puede usted evitarlo. Si quiere usted entender mejor Occidente frente a Oriente, en una perspectiva de largo plazo, le reitero: Ian Morris, ¿por qué manda Occidente? y Francis Fukuyama, Orígenes del Orden Político. Si me encuentro algo mejor, le aviso.

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