Tecnologías Generales (El Universal, 24/mar/2011)

Hace un par de semanas comentaba con usted el libro “El gran estancamiento” de Tyler Cowen, que analiza lo que ha ocurrido en el mundo en general, y específicamente en Estados Unidos, desde los años setenta. Es a esos años a los que se refiere Cowen como gran estancamiento, y ya en el artículo al que me refiero le comentaba a usted que no tenemos todavía una explicación generalmente aceptada de qué fue lo que ocurrió.

A partir de 1971, o 1973, las economías redujeron su ritmo de crecimiento y los ingresos al interior de los países se hicieron más desiguales. Algunos culpan de este proceso al “neoliberalismo”, que no es más que una etiqueta sin mucho contenido, que no ayuda a entender. Más específicamente, se pueden identificar personajes como Ronald Reagan en Estados Unidos, o Margaret Thatcher en Reino Unido, que efectivamente modificaron la dirección de las políticas, y entonces puede uno culparlos a ellos. Para extender la culpa a América Latina, es necesario que incluyamos como culpables al Fondo Monetario Internacional, y algunas otras agencias y bancos, que nos forzaron a realizar cambios similares a los de aquellos países si queríamos seguir recibiendo préstamos.

Esta explicación tiene la virtud de culpar a otros, y por eso es tan fácilmente aceptada. Incluso se usa a Joseph Stiglitz, Premio Nobel, como argumento de autoridad, porque algo así dice en “El descontento de la globalización”. Eso puede hacerse siempre y cuando uno no haya leído el libro, pero entre quienes critican tanto a la globalización y el neoliberalismo, se lee poco.

La explicación que suele oponerse a ésta es que durante la posguerra la estrategia general de crecimiento, basada en un déficit pequeño, pero permanente, de los gobiernos, alcanzó un nivel tal que detuvo a las economías. Es preferible a la anterior porque sí explica lo que ocurrió en los años setenta. La otra, la del neoliberalismo, culpa a Reagan y Thatcher, que llegaron al poder en 1979, de lo que pasó en la década previa. Eso no tiene mucho sentido.

Bueno, pues ahora permítame compartirle una explicación muy interesante, de un texto que le puedo recomendar pero que no es nada fácil de conseguir. Se trata de un artículo de Bojan Jovanovic y Peter Rousseau que aparece en el Handbook of Economic Growth, volumen 1B, a partir de la página 1181. Dudé en comentarlo con usted porque el libro es muy caro, y no está en muchas bibliotecas, pero puede usted encontrarlo gratis en http://www.nyu.edu/econ/user/jovanovi/JovRousseauGPT.pdf

El capítulo de Jovanovic y Rousseau se llama “Tecnologías de Propósito General” y trata acerca del impacto que tienen en las economías este tipo de tecnologías, que se pueden aplicar en todos los sectores, y que modifican radicalmente la manera en que se produce. Las dos tecnologías de este tipo que Jovanovic y Rousseau identifican son la electrificación (inicios del siglo XX) y las tecnologías de información (fines del mismo siglo). No son procesos idénticos, ni mucho menos, pero hay mucho en ellos que puede analizarse de manera similar.

Una tecnología de propósito general debe poder aplicarse en todos los sectores, debe mejorar rápidamente, y debe provocar un incremento en la innovación. En los dos casos referidos, esto ocurre. La electrificación fue más general que las tecnologías de información, pero éstas han mejorado más rápidamente y producido más innovaciones.

Cuando una tecnología de este tipo aparece, ocurren varios fenómenos: 1) la productividad se reduce (porque la nueva tecnología absorbe parte de los recursos); 2) el rendimiento a la habilidad (skill premium) crece (es decir, la desigualdad en ingresos); 3) la entrada, salida y fusión de empresas se acelera; 4) los precios de las acciones caen; 5) las empresas jóvenes y pequeñas tienen mejores resultados; 6) la tasa de interés se eleva y el déficit comercial crece (en la economía en donde aparece la tecnología).

Bueno, pues eso precisamente es lo que ha ocurrido desde 1971: una caída general de productividad, una ampliación en la desigualdad de ingresos (asociada a las habilidades, por cierto), una aceleración en la aparición, desaparición y fusión de empresas, etc. Cada una de estas predicciones de la teoría son analizadas por Jovanovic y Rousseau en el texto de referencia (que se publicó en 2005, y por lo mismo no tiene nada que ver con la crisis de 2009, por lo de la tasa de interés y las acciones).

El artículo que le comento es en realidad una aplicación al caso de las tecnologías de información, pero la idea original acerca de las tecnologías de propósito general como fuente de crecimiento es de Timothy Bresnahan y Manuel Trajtenberg, publicado en primera versión en 1989 (www.nber.org/papers/w4148) y ya de manera definitiva en 1995 en el Journal of Econometrics. En estos diez años acumula casi 200 citas en otros artículos, que no es poca cosa.

Sin embargo, no he visto, en medios de comunicación, que esta explicación se utilice. Tal vez porque acaba con las prometeicas discusiones entre buenos y malos (sin importar mucho en qué lado esté cada quien). El argumento básico de Bresnahan y Trajtenberg, aplicado para las últimas décadas por Jovanovic y Rousseau, es sencillo: cuando se logra construir una nueva tecnología de propósito general, todo cambia. Afecta a todos los sectores de la producción (por eso es general, decíamos), mejora con rapidez y provoca innovaciones, de forma que lo que produce es una sociedad diferente. Cuando aparece, reduce la productividad general de la economía, altera la relación entre grupos sociales, favoreciendo a quienes tienen habilidades más apropiadas para esta nueva tecnología, provoca “destrucción creativa” a gran velocidad…

Déjeme ponerlo peor: si la idea de estas tecnologías es correcta, entonces puede ser que el gran edificio de Marx no tenga sentido. No es la secuencia feudalismo-capitalismo el cambio relevante, sino la aparición de estas tecnologías. Ya Marx no lo vio, pero el cambio societal alrededor de la I Guerra Mundial fue tanto o más relevante que el que a él lo maravillaba en 1848. Pero eso da para mucho, y ya no me queda espacio. Le dejo la sugerencia de pensar en este tema, que puede en verdad explicar muchas cosas que luego no entendemos, y ahí andamos diciendo barbaridades, como Hugo Chávez y sus marcianos…

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