Pobre Economía (El Universal, 16/jun/2011)

Hace un par de semanas comentamos aquí acerca de las definiciones de pobreza, y de cómo cuando hablamos de ese concepto es posible que cada quién esté pensando en algo diferente que, por obligación, tendrá diferentes características y posibles soluciones. Entre los comentarios útiles a ese artículo, hubo un par de corresponsales que me sugirieron leer un libro que se publicó hace un par de meses: “Poor Economics”, escrito por Abhijit Banerjee y Esther Duflo para la editorial PublicAffairs.

Lo menos que puede uno decir es que es un libro muy ilustrativo. Los autores sostienen que su perspectiva se encuentra en alguna parte entre las propuestas de Jeffrey Sachs y de William Easterly. El primero, que en sus inicios se dedicaba a construir planes antinflacionarios (lo hizo en Bolivia, casi destruyendo la economía de ese país), últimamente se ha erigido en campeón de la lucha contra la pobreza mediante la “novedosa y brillante” solución de conseguir ayuda internacional multimillonaria. Las comillas son mías, y son puro sarcasmo, para que no haya duda.

Por el contrario, William Easterly que trabajó un par de décadas en agencias internacionales (el Banco Mundial, entre otras), sostiene que la ayuda internacional no tiene utilidad, y que suele acabar en manos de gobernantes corruptos (y de académicos, ONGs y otros intermediarios, en menor medida). También para que no haya duda, reitero aquí que hay pocos libros tan importantes para entender el tema del desarrollo como “The Elusive Quest for Growth”, publicado por Easterly en MIT Press en 2002.

A fines de abril, Easterly publicó una reseña de “Poor Economics” en conjunto con “More tan good intentions”, de Dean Karlan y Jacob Appel, aparecido casi simultáneamente y, según Easterly, muy parecido al que hoy estamos platicando con usted. No tiene sino elogios para ambos libros, y es muy explicable, porque aunque Banerjee y Duflo insistan en que su perspectiva está a medio camino entre Eastery y Sachs, no es así: son mucho más cercanos a Easterly, por la simple razón de que su análisis y opiniones provienen de la realidad, de la vida cotidiana de los pobres.

Y lo primero que tenemos que hacer es aclarar que para ellos, los pobres son aquellos que tienen ingresos diarios de 0.99 dólares o menos. Su línea de pobreza, aunque sea sospechosamente parecida a la que desde hace unas décadas usan todas las agencias internacionales, la defienden con base en su experiencia en la India, en donde se requieren 16 rupias al día para salir de la pobreza: 36 centavos de dólar a precios corrientes, 99 centavos si se mide usando Paridad de Poder Adquisitivo (algo que hemos comentado en otras ocasiones). Por si le quema la curiosidad, esta línea en México correspondería a 8.60 pesos diarios por persona, que son 1,020 pesos por hogar. Es el ingreso promedio del decil más pobre en México.

El trabajo de Banerjee y Duflo inicia analizando si hay en realidad un problema de alimentación en el mundo (Cap. 2), de salud (Cap. 3), educación (Cap. 4) y familiar (Cap. 5). En todos los casos, los autores plantean la perspectiva que tenemos en los países menos pobres (Occidente, pues), y cómo las soluciones que salen de aquí suelen tener problemas al aplicarse. Por ejemplificar, Banerjee y Duflo describen cómo las personas en pobreza (extrema) deciden dejar de comer con tal de tener televisión, o eligen comida menos nutritiva pero más sabrosa; ilustran por qué es tan difícil que la vacunación funcione y que las personas vayan con el doctor; explican cómo la educación, que solemos usar como panacea, no tiene tanta utilidad para las familias pobres, o mejor dicho, cómo es que estas familias tienen dificultades para encontrarle utilidad; cómo es que las decisiones de cuántos hijos tener no se parecen a las que tomamos quienes tuvimos mejor suerte en la lotería de la vida.

Por cierto, los autores utilizan en un par de ocasiones el programa Progresa-Oportunidades como ejemplo de una visión novedosa para lograr mejor nutrición, salud y educación, aunque también apuntan áreas de oportunidad que podríamos aprovechar.

En la segunda parte del libro, Banerjee y Duflo llevan a cabo una revisión que titulan “Instituciones”, pero que más bien es una discusión acerca de los motores del capitalismo y la pobreza: riesgo, crédito y ahorro. Aunque en esta revisión hacen uso de un trabajo de Acemoglu y Robinson que se publicará el próximo año, suma de sus artículos acerca de instituciones y capitalismo, me parece que esta segunda parte de “Poor Economics” se quedó debiendo por falta de un marco analítico un poco más amplio.

La pregunta de fondo es por qué quienes viven en pobreza no pueden salir de ella por sus propios medios, y aunque en la respuesta se analiza la vulnerabilidad al riesgo (que Emilio Zolá describió magistralmente hace cien años en La Taberna), la restricción de crédito y la dificultad del ahorro, y alrededor de estas tres circunstancias se trata de entender la relación entre política y economía, le ocurre al argumento de Banerjee y Duflo lo mismo que le ha ocurrido a tantos que quieren entender el funcionamiento del capitalismo solamente mediante la política y la economía: no se puede.

Y aunque seguramente me ganaré reclamos por ello, vuelvo a sugerir complementar el análisis del desarrollo con la lectura de Deirdee McCloskey y sus Virtudes Burguesas. No porque coincida totalmente con ella, sino porque me parece que trae a colación el elemento que tanta falta hace cuando quiere uno entender la famosa “economía política”: el marco de referencia de las personas, o si quiere, aunque nos metamos en otro grave problema de definición, la cultura. O si lo quiere más práctico, Bill Lewis y el “Poder de la Productividad”, que no es, a fin de cuentas, sino la concreción de las dichosas virtudes.

Esta columna insistirá, todo lo que pueda, en proponerle a usted ideas que nos ayuden a entender los problemas sociales y resolverlos: Easterly y su “Elusive Quest”, McCloskey y sus “Virtudes Burguesas”, Lewis y el “Poder de la Productividad”, cualquier video que pueda ver de Hans Rosling (si no ha visto el de la lavadora de ropa, no sabe lo que se ha perdido), y ahora a Banerjee y Duflo con su “Pobre Economía”.

Porque sacar a los pobres de la pobreza no es cuestión de voluntad ni de ocurrencias, y porque cada fracaso que tenemos en esas intenciones significa vidas destrozadas, y porque la retórica pobrista ha hecho un grave daño en América Latina, y en México. Por todo eso, ampliemos nuestra perspectiva y hagamos un debate en serio acerca del futuro.

One response

  1. Hola profesor (fui su alumna en el TEC), actualmente estoy haciendo un postgrado y para mi investigación me encontré con éste muy buen estudio, espero le parezca igualmente interesante.
    http://www.cgdev.org/files/1426679_file_Datta_Mullainathan_Behavioral_Design.pdf

    Mi punto en relación a su reseña del libro Poor economics, es que de manera más especifica, lo que nos puede ayudar a cerrar esos espacios abiertos entre la economía y la política, en mi opinión es el estudio de la conducta humana, donde la economía conductual tiene mucho que decirnos.

    Saludos
    Lourdes S

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