Dignidad Burguesa (El Universal, 6/oct/2011)

Hace casi un año, en estas páginas, platicaba con usted del libro Virtudes Burguesas, de la profesora Deirdre McCloskey. Un libro muy interesante, que sostiene que el mundo moderno es resultado de una revaluación de un conjunto de virtudes que la profesora llama burguesas porque aparecen y se desarrollan en las ciudades, los burgos. Se trata de las tres virtudes que los católicos llaman teologales: fe, esperanza y caridad (o en su versión más literal, amor), sumada a las cuatro virtudes paganas: prudencia, templanza, justicia y coraje (o audacia, si prefiere).

Bueno, ese libro forma parte de un proyecto que posiblemente se convierta en seis u ocho tomos, y el segundo se publicó hace unos meses. Se titula Dignidad Burguesa, y el argumento principal es que el salto en el crecimiento económico, que es un fenómeno de los últimos dos siglos, es resultado de esta revaluación de las virtudes. Especialmente, es producto de dos cosas que antes no existían: libertad y dignidad para los burgueses. Dicho de otra forma, es hasta fines del siglo XVIII que los productores de riqueza son libres de producirla, y además se considera digno que lo hagan. No son ya los comerciantes despreciados por Confucio o por la Iglesia, son dignos y libres.

Pero tal vez la mejor forma de decirle a usted lo que el libro contiene es presentándole el índice, que es también el argumento. Simplemente lo traduzco, indicando entre paréntesis el número del capítulo: (1) El mundo moderno fue una marea económica, pero no tuvo causas económicas, (2) las ideas liberales causaron la innovación (3) y una nueva retórica protegió las ideas. (4) Muchas otras historias plausibles no trabajan muy bien. (5) La historia correcta festeja el “capitalismo”, (6) pero el crecimiento moderno es un factor de al menos dieciséis veces (7) y se incrementa el alcance, no la “felicidad”. (8) Los pobres salieron ganando, (9) así que la destrucción creativa puede ser entonces justificada en bases utilitarias.

(10) Los economistas británicos no reconocieron la marea (11) pero los datos la cuentan. (12) El liderazgo de Gran Bretaña (y Europa) fue un episodio (13) y los seguidores pudieron saltarse etapas. (14) La marea no ocurrió debido a la frugalidad: (15) el fundamentalismo económico está equivocado. (16) No ocurrió tampoco un incremento en la codicia, ni es la ética protestante, (17) no es una acumulación “infinita” lo que explica el mundo moderno (18) ni su causa es la acumulación originaria o la expropiación. (19) Tampoco fue la acumulación de capital humano, sino hasta hace muy poco. (20) Ni el transporte u otros ajustes locales causaron la marea (21) ni la geografía o los recursos naturales (22) ni siquiera el carbón. (23) El comercio exterior no fue su causa, aunque los precios internacionales son parte del contexto. (24) La lógica del comercio como motor es dudosa (25), y aún los efectos dinámicos del comercio fueron pequeños.

(26) Los efectos en Europa del comercio de esclavos y el imperialismo británico fueron todavía más pequeños (27) y otras explotaciones, externas e internas, fueron igualmente improductivas para los europeos comunes. (28) No fue la simple aceleración del comercio (29) ni la lucha por sus residuos. (30) No la explica el materialismo eugenésico (31) ni cuenta el neo-Darwinismo, (32) y la herencia se diluye.

(33) Las instituciones no se puede ver como meras restricciones que determinan incentivos, (34) y por lo mismo mejores instituciones, como las que se dice hubo a partir de 1689, no explican, (35) e incluso la total ausencia de la propiedad no es relevante para el lugar ni el período (36) aunque además la cronología de la propiedad y los incentivos está mal medida.

(37) Así que la rutina de Max(imizar) U(tilidad) no funciona, (38) ni la ciencia fue tampoco la causa, (39) sino la dignidad burguesa y la libertad, mezcladas con la Ilustración. (40) No fue la localización, (41) fueron las palabras. (42) Las grandes externalidades son, en breve, dignidad y libertad para la gente común. (43) Por cierto, el modelo puede formalizarse.

(44) Enfrentarse a la burguesía daña a los pobres, (45) y la era burguesa, por tanto, no lleva ni al pesimismo político ni al ambiental, (46) sino a un amigable y cuidadoso optimismo.

Espero que haya llegado usted hasta acá, y si lo hizo, habrá encontrado referencias muy claras a las diferentes formas en que los estudiosos de la sociedad y la economía han intentado explicar el gran fenómeno que ha significado el crecimiento económico en los últimos doscientos años: desde el tema de la frugalidad (y su versión de la ética protestante), hasta el tema de la acumulación originaria (y otros temas de origen marxista), pasando sin duda por la teoría moderna del crecimiento, que ha ido usando como factor determinante a la inversión, la educación, las instituciones, sin poder explicar sino una parte pequeña de lo que ha ocurrido en el mundo en los últimos dos siglos.

McCloskey insiste en su idea: lo que cambió fue algo que está fuera de la economía. Cambió la forma en que nos vemos a nosotros mismos, y cómo evaluamos a los productores y comerciantes. Cuando generar riqueza, produciendo y vendiendo, dejó de ser un estigma, y más aún, fue considerado una virtud, pudimos empezar a crecer en serio. Mientras que el nivel de vida de 1800, en cualquier parte del mundo, no era muy diferente del que se había conocido en el Imperio Romano (y no en sus mejores épocas), hoy, en promedio, cualquier persona vive 16 veces mejor que entonces, a pesar de que hoy hay siete veces más seres humanos en el mundo.

En suma, cuando al empresario se le permite trabajar, y más aún, se le reconoce su trabajo y se le considera un ejemplo para los demás, las economías crecen. Si quiere verlo al revés, ahí tiene la historia de América Latina, precisamente en esos mismos dos siglos, para entenderlo: en los muy pocos momentos en que nos sumamos a la Dignidad Burguesa (de 1870 a 1914), logramos crecer. Cuando decidimos que los empresarios son malos, y que había que limitarlos y despreciarlos, nos hundimos. Como en el resto del siglo XX.

Mucho que aprender, y espero que la simple traducción del índice de este libro le haya provocado interés, sea porque usted piensa similar, o porque precisamente está en contra de alguna de las afirmaciones. Nada como ir al libro y ver cómo se defiende la profesora.

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