Adiós

(Mi despedida de El Universal, publicada el viernes 3 de enero de 2014)

El 5 de octubre de 1995 escribí en El Universal mis primeras líneas. Venía de El Financiero, en donde me había iniciado en este oficio de articulista poco más de dos años antes. En los 18 años en que El Universal me ha dado cobijo, he publicado tres o cuatro colaboraciones por semana, a horcajadas entre esta sección editorial y la financiera, y más recientemente, en el blog Economía 2.0, sólo accesible en línea. Al día de hoy, son 6,665 días en esta casa editorial, equivalentes a 18 años y 3 meses, y a algo así como 3,200 colaboraciones.

En todo este tiempo, he escrito lo que he considerado adecuado, sin que nunca esta casa editorial me haya pedido modificar en algo mis textos. De hecho, las únicas complicaciones que he tenido ocurrieron alrededor de López Obrador. En 2006 y 2007, sus seguidores se tornaron muy violentos, al menos de palabra, y mis opiniones, que unos años antes les eran gratas, fueron entonces despreciables y motivo de insultos e incluso de amenazas.

Es más interesante este fenómeno cuando uno considera que menos de un año después de incorporarme a estas páginas fui invitado a ser el asesor económico del presidente del PRD, Andrés Manuel López Obrador, trabajo que desempeñé hasta que Cuauhtémoc Cárdenas tuvo la amabilidad de invitarme a participar en su gobierno en el DF como Coordinador General de Planeación. Y ahí estuve los dos años siguientes. De forma que durante esos primeros cuatro años en El Universal, los lectores me asociaban con este partido.

Durante la campaña presidencial de 2000, en estas páginas, me sumé a la idea del voto útil que permitiese “sacar al PRI de Los Pinos”, porque consideraba entonces que era indispensable que ese partido perdiese la presidencia para poder consolidar el proceso de cambio político cuyo punto de inflexión ocurrió en 1997. Como usted imaginará, esto no ayudó a mantener la relación con el PRD. Pero tampoco implicó un acercamiento al PAN, como ocurrió con muchos de quienes queríamos un cambio en la presidencia y sólo teníamos, en 2000, una opción viable.

Entre 2003 y 2006, tuve la oportunidad de ser un tiempo Director de Finanzas aquí en El Universal, y luego Coordinador de Planeación. Decidí retirarme en 2006, poco después de la elección, para terminar “Cien años de confusión. México en el siglo XX”, libro que publicó Taurus en 2007. En ese libro expongo mi convicción de que México fue, durante el siglo XX, un fracaso, producto del sistema político en que vivimos. Es, si usted lo quiere ver así, un ataque al Nacionalismo Revolucionario, que en buena medida se había agrupado alrededor de López Obrador. Desde al año previo, el de las elecciones, había expuesto algunas de esas ideas en las páginas de El Universal, y eso me fue ganando el odio de algunos, bastantes, seguidores del político tabasqueño. Alguno me sigue atacando por eso mismo todavía hoy, varios años después.

En este proceso, mi interpretación del mundo ha ido cambiando, como es fácil comprobar con lo que he escrito aquí mismo. Las razones de esa transformación son diversas, pero creo que lo más importante es lo que le he narrado hasta ahora.

Estoy convencido, como le decía, que el camino que México eligió durante el siglo XX fue muy negativo. No sólo no nos permitió avanzar, sino que sigue siendo un lastre mental. Por eso he propuesto ideas, y defendido las mías y las de otros, en dirección de un cambio hacia un México moderno, liberal, que borre ese ficticio pasado construido por los ganadores de la guerra civil de inicios del siglo pasado con el único objetivo de legitimarse en el poder. Puesto que esas propuestas han coincidido con intentos de modernización impulsados desde el gobierno en todo lo que va del siglo XXI, muchos lectores me han asociado con el PAN, y en este último año con el PRI. Ya le di la vuelta al espectro político, en la imaginación de algunos lectores, sin participar con ningún partido.

El año de definiciones que fue 2013, que estoy convencido será determinante para el futuro de México, me deja, personalmente, cambios tan inesperados como buena parte de lo que ocurrió a nivel nacional. Hoy, 6,665 días después de haber escrito mis primeras líneas en El Universal, escribo las últimas. Todo mi agradecimiento a Juan Francisco Ealy, y a Juan Francisco Ealy Jr. por la hospitalidad y buen trato en todo este tiempo. Y, aunque ya no esté acá, a Roberto Rock, quien me dio la oportunidad de trabajar desde dentro y seguir escribiendo. Sobre todo, gracias a quienes me han leído.

Adiós.

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