Veinte Años

Se cumplen veinte años del TLC en unos días más (y hoy se cumplen 19 del error de diciembre, pero eso mejor ni lo platicamos). Es obligado que comentemos acerca de ese primer gran paso de México hacia la modernidad que fue el tratado.

Primero, recordemos que el TLC era un instrumento para mejorar nuestro comercio exterior, pero también para atraer inversión extranjera. Y además buscaba evitar futuros retrocesos al asociar leyes y políticas a una instancia internacional, que no es fácilmente modificable. Finalmente, el objetivo del TLC, como el de cualquier política, debemos medirlo en términos de bienestar de la población.

Entonces, en materia de comercio exterior, el TLC ha sido un éxito rotundo para México. Multiplicamos por siete nuestro comercio, y hemos reducido el déficit comercial que teníamos en el momento de firmarlo y ponerlo en práctica. Ese déficit se corrigió por el error de diciembre, por cierto, pero después de eso, aunque hemos crecido, no hemos incrementado significativamente esa variable. Eso, por sí mismo, es bueno

En entregas del blog Economía 2.0 le mostraré cómo ha cambiado el comercio por industria, con todo y gráficas, pero aquí le puedo decir, en resumen, que las industrias que eran más importantes en el comercio en 1993 lo siguen siendo hoy. Vehículos, combustibles, maquinaria eléctrica y aparatos y calderas son 60% de las importaciones y 69% de las exportaciones. Las dos primeras son las que más dólares nos aportan, ya en el neto, pero vehículos nos da 45 mil millones de dólares al año, frente a 15 mil del petróleo y derivados. Hay otros diez o quince rubros en los que tenemos 15 o 20% más del comercio. Entre ellas, hortalizas y frutas, para los que olvidan que el campo es más que maíz, aportan cantidades no menores de divisas. En 2013, las hortalizas tienen un saldo a favor de 5 mil millones de dólares, y las frutas de 2,300. Los cereales, en los que éramos deficitarios en 1993 y lo seguimos siendo, tienen un déficit de 3,700 millones de dólares. A pesar de que muchos siguen sin entenderlo, lo que ganamos en hortalizas más que paga lo que nos cuestan los cereales. Los restantes 70 y tantos capítulos suman menos de 20% del comercio total.

Cuando iniciaba el TLC había gran preocupación por algunas industrias, como la madera, papel o textil, que se pensaba que desaparecerían con este mecanismo comercial. No fue así. Las tres industrias sufrieron mucho con la apertura previa al TLC (la que inició en 1986), y luego volvieron a sufrir, sobre todo la textil, con la avalancha de China en la OMC a partir de 2001. Pero el TLC no tiene nada que ver en ello. Algunos de los capítulos textiles (tejido de punto) es bastante exitoso hoy, por ejemplo.

Para finalizar con el comercio, le comento que hay un par de industrias en las que tenemos un gran déficit, y que podrían ser espacio de grandes negocios. Son plásticos, productos químicos orgánicos, y otros productos químicos. Todos ellos son eslabones finales de la cadena que empieza con petróleo y gas, de forma que ahora que ya no están limitados por el artículo 28 Constitucional, es posible que haya oportunidades ahí.

En materia de inversión extranjera directa, el cambio también es notorio. Antes del TLC, el promedio de inversión que México recibió fue de 1.3% del PIB (1980-1993). Con el TLC, es del doble, 2.6%. Aquí hay varios asegunes. El primero es que los años previos al TLC son de crisis, y eso afecta el cálculo, y antes de 1981 casi no hay inversión extranjera porque la ley de 1973 no lo permitía, y antes de esa ley, no había movimiento de capitales por Bretton Woods. Otra complicación del cálculo es que parte de esa IED no es inversión nueva, sino compra de activos: los bancos y las cervecerías, por ejemplo. Finalmente, ese incremento de inversión es nada si lo comparamos con lo que pasó en China o Brasil en ese mismo lapso (o varios otros países latinoamericanos en períodos más breves). Pues sí, pero ése es precisamente el defecto del cálculo: China.

Como ya hemos comentado en muchas ocasiones, el ingreso de China a la OMC, justo a la mitad de la recesión de 2001-2003, cambió mucho el panorama, y México no pudo reaccionar. Hasta antes de ese momento, la inversión extranjera en México había pasado  de 1 a 3% del PIB. De 2001 en adelante, la inversión cae año tras año (como proporción del PIB) y sólo las ventas grandes la hacen aparecer menos mal.

Finalmente, si el TLC mejoró o no el nivel de vida de los mexicanos. Creo que la respuesta debe ser positiva, sin duda. Usando los datos de PWT, el PIB per capita en dólares reales comparables pasa de 9,500 dólares por habitante en 1993 a 12,700 en 2011 (último dato). El crecimiento promedio anual en esos 18 años es de 1.6%. Es más elevado que el crecimiento previo, de 1970 a 1993, que promedia 1.5% anual. Otra vez, asegunes: me dirán que el período previo incluye una gran crisis. Sí, la que provocaron los gobiernos de 1970 a 1982, y que hay que considerar en su período. Y el siguiente, de 1993 a la fecha, incluye tres crisis: la nuestra de 95 y las dos de Estados Unidos, en 2001-2003 y la de 2009, que fue terrible, como todos saben.

Ah, y para los que gustan de medir pobreza o desigualdad: los datos de 2012 son mejores que los datos de 1994, a pesar de las tres crisis mencionadas.

Así pues, no creo que haya duda alguna: el TLC fue una gran idea. Pudo ser mejor si China no hubiese entrado a la OMC, o si nosotros no hubiésemos abandonado el camino de las reformas por veinte años, o si supiéramos como romper la barrera mental entre Aridoamérica y Mesoamérica. Pero con todo y eso, nos fue bien. Hoy China ya no tiene el impulso del 2001, ya recuperamos las reformas, y sólo nos falta tomarnos en serio el tema del México del norte y el México del sur. Tal vez podría ser el gran tema de 2014 que, por cierto, creo que será un buen año, y es lo que le deseo a usted: grandes éxitos.

(Aparecido en El Universal, sección Cartera, Diciembre 19, 2013).

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