El capital en el siglo XXI, de Thomas Piketty

La aparición del libro “El capital en el siglo XXI” de Thomas Piketty en su traducción al inglés ha sido uno de los fenómenos editoriales más espectaculares que han ocurrido. No creo que haya un libro de economía que haya sido recibido así nunca, mucho menos uno que tiene 577 páginas, más notas y demás, con gráficas y algunas ecuaciones. Es decir, un libro que no es fácil de leer.

El libro fue publicado en Francia un año antes, y no tuvo allá mucho éxito. O mejor, tuvo el éxito normal de un libro de economía. Hasta que el fenómeno estadounidense provocó un renacimiento del original francés.

Thomas Piketty es un economista francés que trabajó un par de años en Estados Unidos, pero ha vivido el resto de su vida en París. Lleva cerca de 15 años trabajando en la construcción de bases de datos acerca del ingreso y la riqueza de las personas haciendo uso de registros fiscales. Esto es una gran aportación, porque las encuestas, tanto de ingreso como de riqueza, suelen menospreciar mucho la situación de los más ricos. Específicamente, el 1% más rico no suele aparecer en los datos. El trabajo de Piketty, en muchas ocasiones con A.B. Atkinson y Emmanuel Sáez, es de gran importancia.

Entre otras cosas, este trabajo le ha ido abriendo espacio en Estados Unidos porque el tema de la desigualdad ha crecido en interés, sobre todo después de la crisis de 2009, pero tiene sus raíces en un proceso iniciado en los ochenta.

En las páginas que siguen le presento mi opinión acerca del libro, junto con algunas referencias a otras reseñas que me parecen importantes. No es un texto breve, pero espero que sea útil.

Permítame empezar con dos citas del libro que creo que ilustran muy bien el estilo y posición del autor. Al inicio dice:

No encontré el trabajo de los economistas estadounidenses totalmente convincente. Sin duda, son todos muy inteligentes y sigo teniendo muchos amigos de esa etapa de mi vida. Pero algo extraño ocurrió: estaba muy al tanto del hecho de que yo no sabía nada acerca de los problemas económicos del mundo. Mi tesis consistió en varios teoremas matemáticos relativamente abstractos… Para decirlo sin rodeos, la disciplina de la economía tiene que superar su pasión infantil por las matemáticas y por la especulación puramente teórica y altamente ideológica, dejando de lado la investigación histórica y la colaboración con otras ciencias sociales. (loc 652)

Y en las conclusiones:

He presentado el estado actual de nuestro conocimiento histórico concerniente a la dinámica de la distribución de la riqueza y el ingreso desde el siglo XVIII, y he intentado extraer de este conocimiento las lecciones que pueden ser útiles para el siglo en que vivimos. Las fuentes de las cuales se surte este libro son más extensivas que las que cualquier autor previo ha reunido, pero siguen siendo imperfectas e incompletas. Todas mis conclusiones son naturalmente tenues y merecen ser cuestionadas y debatidas. No es el propósito de la investigación en ciencias sociales producir certezas matemáticas que puedan sustituir el debate abierto y democrático en el que todas las tonalidades de opinión estén representadas. (loc 10094)

Por cierto, leí la versión electrónica (Kindle) y por eso las referencias son por localización (loc) y no por página.Las gráficas y cifras del libro están también en una página.

El libro de Piketty se centra en este razonamiento:

  1. Si la ganancia del capital es mayor que el crecimiento de la economía (r>g), el capital se irá incrementando continuamente.
  2. Este incremento continuo del capital ocurrió durante el siglo XIX, y sólo se corrigió gracias a las dos guerras mundiales.
  3. Sin embargo, desde 1980 nuevamente ha crecido el capital y ya alcanza el nivel previo a la I Guerra Mundial (la Bella Época).
  4. Esta gran cantidad de capital, además, está concentrada en pocas manos. Cada vez menos personas (proporcionalmente) tienen más riqueza.
  5. Porque su ingreso ha crecido desproporcionadamente
  6. Esa desigualdad es mala para la economía y para la democracia.

Veamos:

1. Si la ganancia del capital es mayor que el crecimiento de la economía (r>g), el capital se irá incrementando continuamente.

A diferencia de lo que argumenta Piketty, si la tasa de ganancia del capital es mayor que la tasa de crecimiento de la economía eso no necesariamente tiene un efecto sobre la cantidad de capital. En principio, uno pensaría que así es, porque r, la tasa de ganancia, si fuese reinvertida totalmente y no existiera depreciación del capital, efectivamente implicaría que el capital crece más rápido que la economía. Pero si así fuese, esa mayor cantidad de capital de inmediato reduciría su rendimiento, puesto que conforme hay más de un factor de producción, su rendimiento se reduce. Para que esto no ocurriera, tendríamos que tener un fenómeno extraño en el que la “elasticidad de sustitución” del capital fuese mayor a 1. No hay evidencia de esto, como bien dice Lawrence Summers, que también hace énfasis en la confusión entre rendimiento neto y bruto.

Conforme el capital se acumula, el rendimiento incremental de una unidad adicional de capital se reduce. La pregunta crucial es lo que técnicamente se llama elasticidad de sustitución. Si hay 1% más capital y todo lo demás no se mueve, ¿el rendimiento del capital por unidad cae más o menos que 1%? Si, como Piketty supone, cae por menos de 1%, entonces la proporción del ingreso que va al capital crece. Si, por otro lado, el rendimiento cae más de 1%, la proporción del ingreso que va al capital decrece…

Piketty argumenta que la literatura económica sostiene su supuesto de que los rendimientos caen lentamente (en términos técnicos, que la elasticidad de sustitución es mayor a 1), y por eso la proporción de ingreso del capital crece conforme éste se acumula. Pero creo que lee mal la literatura al confundir rendimientos brutos y netos del capital. Es posible que mientras el acervo de capital crece, el incremento del producto decrezca lentamente, pero no hay duda de que la depreciación crece proporcionalmente. Y es el rendimiento neto de la depreciación lo que es relevante para la acumulación de capital. No conozco estudio alguno que, midiendo el producto en términos netos, sugiera que la elasticidad es mayor a 1, y conozco muchos sugiriendo lo contrario.

Xavier Sala-i-Martin lo dice de otra forma:

 Esta lógica de Piketty, sin embargo, tiene un pequeño problema: ¡ES FALSA! Que la tasa de retorno del capital, r, sea superior a la tasa de crecimiento de la economía, g, lejos de ser una “contradicción del capitalismo” es una condición de eficiencia económica que los economistas han bautizado como “eficiencia dinámica”. Si una economía tiene “r<g”, es ineficiente en el sentido de que ha ahorrado demasiado. Es decir, si “r<g, la generación actual podría aumentar su consumo (reduciendo su ahorro), sin que ninguna de las generaciones futuras se vea obligada a sufrir. En este caso el ahorro sería ineficientemente grande por lo que sería socialmente deseable que se redujera hasta que r>g. Y eso sería tan cierto en una economía capitalista como una economía planificada. Calificar, pues, a la desigualdad r>g de “contradicción central del capitalismo” es una aberración.

2. El capital se acumuló durante el siglo XIX y sólo se corrigió gracias a las dos Guerras Mundiales.

Los mismos datos de Piketty afirman lo contrario. Sólo hay información para Francia e Inglaterra (Reino Unido) de 1700 en adelante. Estados Unidos tiene datos desde 1770 y Alemania desde 1870. En los dos primeros, el capital NO se acumula durante los siglos XVIII y XIX, se mantiene. Hay exactamente la misma cantidad durante todo el período, medido en referencia al ingreso: 700% en ambos casos. En Alemania, si acaso, hay una pequeña reducción entre 1870 y 1910, antes de la I Guerra. Sólo en Estados Unidos hay acumulación de capital, que pasa, según los datos de Piketty, de 300 a 500% del producto entre 1770 y 1910, período en el cual Estados Unidos pasa de ocupar sólo las 13 colonias a los 10 millones de kilómetros cuadrados de la actualidad. Así pues, no hay acumulación de capital durante la época previa a la I Guerra.

Cabe mencionar que esto destruye buena parte de su argumentación acerca de r>g, puesto que para ejemplificar el proceso del siglo XIX utiliza referencias literarias: Jane Austen para el Reino Unido y Balzac para Francia (ocasionalmente se refiere a otros autores, como Henry James para Estados Unidos al inicio del siglo XX, e incluso a películas, lo que en sí mismo es un anacronismo). En las novelas de los autores mencionados, como en prácticamente cualquiera del siglo XIX, los protagonistas viven de una renta anual de cierta cantidad de libras o francos. Prácticamente en todos los casos, esas rentas corresponden a un rendimiento de 5% anual, como bien refiere Piketty. Pero si el rendimiento (r ) es de 5%, la acumulación de capital durante el siglo XIX habría sido monumental, puesto que el crecimiento promedio anual en ese siglo (1820-1910) fue de 2% en Gran Bretaña y de 1.4% en Francia (datos de Maddison). Así, r es mayor que g en 3% anual. Cualquier inversión que creciera a ese ritmo tendría un incremento de 1,330% en esos 90 años, pero el capital en relación al PIB en Gran Bretaña y Francia no se mueve en todo ese tiempo.

En segundo lugar, no son las guerras mundiales lo que acaba con esa acumulación y reduce el nivel del capital de 700 a 250 o 300% del PIB. Es sólo la I Guerra. Y esto creo que merecería un mucho mejor análisis de alguien como Piketty, que desprecia a sus colegas economistas por no saber más de otras ciencias sociales, como veíamos al inicio. Tal vez bastaría con un poco de historia para entender que fue la I Guerra la que transformó a Europa, de un continente de Imperios a uno de Naciones, por un lado, pero también llevó a los hechos la hasta entonces teórica transformación de fines del siglo XVIII: el fin de la aristocracia, de los privilegios heredados, y el ascenso de una nueva forma de vida, que entonces sólo se conocía en Estados Unidos, la meritocracia.

Esta falta de conocimiento histórico elemental explica por qué Piketty no puede asociar los fenómenos de la época con la contracción del capital. La I Guerra es el fin de la Bella Época, de la supremacía Británica, de las posesiones alemanas fuera de Europa, e inicia el proceso que llevará al fin definitivo de todos los imperios coloniales europeos. De eso no se encuentra mucho en el libro. O tal vez no es que Piketty no sepa, sino que darse cuenta de esto implicaría un análisis totalmente distinto del resto del siglo XX, reduciendo la importancia que él da al período de Bretton Woods (1946-1971).

3. Sin embargo, desde 1980 nuevamente ha crecido el capital y ya alcanza el nivel previo a la I Guerra Mundial (la Bella Época).

El argumento central de Piketty, que r>g implica un crecimiento continuo de la riqueza, veíamos que no tiene sentido teóricamente, ni se cumplía antes de la I Guerra Mundial. Sin embargo, Piketty afirma que a eso se debe el incremento de capital a partir de 1980. Para ello, la ilustración son las figuras ya mencionadas antes, que son: figura 3.1 para Reino Unido, figura 3.2 para Francia, figura 4.1 para Alemania y figura 4.6 para Estados Unidos.

Bueno, todas estas figuras tienen un pequeño problema: todo el incremento de riqueza al que se refiere Piketty es explicado por el valor de las casas. Lo ilustro a continuación modificando las gráficas de Piketty, con sus mismos datos, para incluir el nivel de riqueza sin contar el valor de las viviendas:

 Figura 1. Riqueza/Ingreso con y sin viviendaDiapositiva1Si estas figuras no son suficiente evidencia, le recomiendo este documento de trabajo de colegas franceses de Piketty de Sciences Po . O, nuevamente Sala-i-Martín

Es verdad que las viviendas forman parte de la riqueza de las familias. Pero si el aumento de la riqueza no es fruto de la acumulación de capital productivo por parte de los ricos sino más bien del aumento del precio de sus casas, la teoría de que los capitalistas ricos explotan a los trabajadores pobres y por eso el capital aumenta cada vez más en relación al resto del PIB parece cogida por los pelos.

Una cosa es que los propietarios del capital obtengan unas rentas muy elevadas de sus inversiones, que esas rentas sean ahorradas (y pasadas en herencia de padres a hijos) y esos ahorros conlleven aumentos de capital tan grandes que la relación entre capital y PIB sea cada vez mayor. Y otra cosa es que la relación entre capital y PIB aumente porque el capital incluye las viviendas y las casas suban de precio! Los datos son incuestionables, pero el relato que uno debe hacer para explicar esos datos cambia radicalmente! Y el relato de Piketty, basado en capitalistas que tienen un poder cada vez mayor para explotar a los trabajadores no concuerda con los datos que dicen que la parte del capital que aumenta en relación al PIB es el valor de las viviendas!!!

4. Esta gran cantidad de capital, además, está concentrada en pocas manos. Cada vez menos personas (proporcionalmente) tienen más riqueza.

La gran aportación de Piketty ha sido la construcción de bases de datos acerca de desigualdad utilizando registros fiscales. Piketty ha publicado una cantidad importante de artículos desde 2003, solo y en compañía de varios autores (destacadamente Emmanuel Sáez y A.B. Atkinson). Con éste, ha publicado dos volúmenes de buen tamaño, ambos con Oxford University Press: Top Incomes over the 20th Century (2007) y Top Incomes. A Global Perspective (2010), que recopilan varios de los artículos mencionados. El más famoso en Estados Unidos es el que publicó con Emmanuel Sáez en el American Economic Review en 2006, que alcanzó fama pública cuando, en reacción a la crisis financiera de 2008, algunos grupos decidieron manifestarse al grito de “somos el 99%”. Es posible que eso haya sido lo que motivó a Piketty a publicar en forma de libro un resumen de los estudios mencionados, dándoles una orientación mucho más especulativa e ideológica, por usar sus mismos términos.

Pero vayamos al punto. Piketty afirma que a partir de 1980 se ha ido concentrando la riqueza, la que según él ha crecido de forma espectacular, en cada vez menos personas. Esto, sin embargo, no se prueba con los datos. Sí hay un crecimiento en la riqueza de quienes ya eran más ricos, pero no es tan grande, y comparado con la situación de 1910, la Bella Época, sin duda estamos en una situación muy diferente. Para ello, le muestro en las siguientes tablas el porcentaje de la riqueza que tienen quienes están en el 10%, 1% y 0.1% más rico en Francia, Reino Unido, Estados Unidos y Suecia, usando los datos de Piketty (que, por cierto, no incluye la gráfica que corresponde al 0.1% más rico).

Diapositiva6En todas las tablas he sombreado el cambio en riqueza del grupo que corresponde, para el período 1910-2010. Todos son negativos, como puede ver. El que menos ha cambiado es Estados Unidos, en donde los más ricos sólo han perdido 10 puntos de la riqueza total de su país. Gráficamente, puede usted ver en la figura 2 la inmensa diferencia entre 1910, cuando todas las series alcanzan su máximo, y la situación actual. Sin embargo, es indudable que hay un cambio de 1970 a la fecha que va en sentido contrario: se está concentrando la riqueza. Pero ese movimiento no es catastrófico como lo pinta Piketty, y falta aún ver por qué ha ocurrido.

 Figura 2. Proporción de la riqueza nacional que tienen los más ricosDiapositiva2

5. Porque su ingreso ha crecido desproporcionadamente,

 Al respecto, Piketty escribe una de las peores partes de su libro. Primero, al igual que ocurre con la riqueza, el ingreso mejora significativamente su distribución durante el siglo XX. De 1910 a 1970 hay un proceso de redistribución muy importante, y a partir de 1980 en algunos países hay un proceso contrario. Reitero, sólo en algunos, o para ser más claro, sólo en Estados Unidos, Reino Unido y Canadá. En todos los demás, el cambio es demasiado pequeño como para hablar de una concentración creciente del ingreso. Pero si Piketty es capaz de extraer conclusiones rimbombantes de datos que no dan para eso, cuando quiere defenderlas comete errores aún mayores.

Antes que nada, Martin Feldstein asegura que Pikeety ha cometido un error metodológico serio:

 El segundo problema con las conclusiones del Sr. Piketty acerca de la desigualdad creciente es su uso de registros de impuesto sobre la renta sin reconocer la importancia de los cambios que han ocurrido en las reglas impositivas… En 1981 la tasa máxima en intereses, dividendos y otros ingresos por inversión se redujo a 50 de 70%, casi duplicando la proporción después de impuestos que podían mantener los propietarios de ingresos gravables de capital. Esa reducción en la tasa proveyó un fuerte incentivo para mover activos de inversiones de bajo rendimiento, exentas de impuestos, como bonos municipales, a inversiones gravables de mayor rendimiento…

La ley de reforma de impuestos de 1986 redujo la tasa máxima en todos los ingresos a 28% desde 50%. Eso reforzó el incentivo para elevar el rendimiento gravable en las inversiones de portafolio…

La reforma de impuestos de 1986 también repudió la doctrina de “General Utilities”, una provisión que había alentado a individuos de ingresos elevados a manejar sus negocios y actividades profesionales como corporaciones del “Subchapter C”, en donde eran gravadas con una menor tasa que su ingreso personal. Este ingreso corporativo de profesionales y pequeños negocios no aparecía en los datos de impuesto sobre la renta que estudió el Sr. Piketty.

El repudio de la doctrina “General Utilities” y la declinación en la tasa máxima personal por debajo de la tasa corporativa provocó que los causantes de altos ingresos moviesen su ingreso empresarial fuera de las corporaciones gravables hacia sus ingresos personales…

Estos cambios en el comportamiento del causante incrementan sustancialmente la cantidad de ingreso que se incluye en los registros de los individuos de alto ingreso. Esto crea la falsa impresión de un agudo incremento en los ingresos de esos causantes, aunque sólo hubo un cambio en la forma legal de dicho ingreso. Esta transformación ocurrió gradualmente conforme los causantes cambiaron su comportamiento y sus prácticas contables para reflejar las nuevas reglas. El puro ingreso empresarial en las corporaciones del Subchapter S creció de 500 billones en 1986 a 1.8 trillones en 1992.

Yo no estoy en condiciones de confirmar o no las afirmaciones de Feldstein, que requieren conocimiento técnico del sistema legal impositivo de Estados Unidos. Pero aún si esta crítica fuese incorrecta y efectivamente hay una concentración del ingreso, las razones no parecen ser las que Piketty esperaría. En palabras de Lawrence Summers:

La proporción que recibe el 1% más alto de los Americanos se ha elevado de menos de 10 a más de 20% en años recientes. Más de la mitad de las ganancias en ingreso disfrutadas por los estadounidenses en el siglo XXI han ido al 1% más rico. Los únicos grupos que han crecido más en ingreso son el 0.1% y el 0.01% más ricos. Piketty, siendo un estudioso meticuloso, reconoce en este punto que las ganancias en el ingreso del 1% más rico representan sustancialmente ingreso por trabajo más que por capital, de manera que son un tema diferente de la acumulación del ingreso.

Ciertamente, cuando uno observa por qué ha crecido el ingreso de las personas más ricas, resulta que el componente que ha tenido un mayor impacto es ¡el salario! Esto es claro desde el artículo que ya referíamos de Piketty y Sáez de 2006, y en este libro los datos no han cambiado. Aunque hay algún incremento en ingreso por ganancias de capital o rendimientos, el mayor impacto es el incremento salarial. Pero Piketty decide que ese incremento en ingresos salariales se debe a que son directivos de empresa. Así nada más.

Pero ese fenómeno de incremento de ingresos por salarios ha sido explicado de mucho mejor manera por Goldin y Katz, en el libro “The Race between Education and Technology”.

Regresando a Sala-i-Martín:

De hecho, hace mucho tiempo que los economistas han estado debatiendo este fenómeno y hay muchas posibles explicaciones. Primera, el cambio de tendencia se debe a la influencia liberal de Reagan y Thatcher que bajaron impuestos a los más ricos. Segunda, ha sido por culpa de la incorporación de 4.000 millones de asiáticos a los mercados de trabajo mundiales, cosa que ha hecho caer los salarios de los trabajadores menos cualificados de los países ricos. Tercera, el baby boom que está viviendo occidente hace que la generación que entra al mercado laboral a finales de los 70 sea muy numerosa y eso deprime los salarios de los trabajadores. Cuarta, el cambio tecnológico de finales del siglo XX se complementa con la educación…

El estudio más serio y convincente hasta el momento es el de Larry Katz y Claudia Goldin (2010)(4). Goldin y Katz analizan la evolución de salarios y niveles educativos en los Estados Unidos y llegan a la conclusión de que la mejor explicación de lo acaecido a partir de 1980 es la cuarta: el cambio tecnológico actual beneficia a los más educados. Thomas Piketty menosprecia la explicación de Goldin y Katz (así como todas las demás) diciendo que es tautológica: como la productividad de Mark Zuckerberg no se puede medir, decir que sus ingresos corresponden justamente a su “productividad” es una cosa que no se puede demostrar…

El menosprecio de Piketty a toda la literatura económica que le precede es sorprendente, sobre todo a la luz de su propia explicación. Quizá sea “tautológico” decir que Mark Zuckerberg cobra mucho porque su contribución a la economía (su productividad) es grande ya que esa contribución no se puede medir. Pero es igualmente tautológico decir que la explicación es que “las normas sociales han cambiado y ahora es socialmente aceptable que los salarios de los gestores sean escandalosamente grandes” porque ¡esa “aceptación social” tampoco se puede medir! ¿Cómo se mide la aceptación social? Y si no se puede medir, ¿no es esa explicación exactamente igual de tautológica que la de la productividad?

No encuentro una defensa razonable en el libro de Piketty acerca de que la gran mayoría del ingreso por trabajo de las personas más ricas corresponde a los directivos de empresa. En realidad, los ingresos que más han crecido desde los años ochenta no son los de ese grupo, sino el de las personas asociadas al entretenimiento. De entre ellos, los atletas tienen más información pública, de la que se pueden construir figuras como las siguientes. En la primera comparo datos publicados por Forbes hace varios años comparando al ejecutivo y al deportista mejor pagados en Estados Unidos cada cinco años. En 1965, la diferencia era claramente a favor del directivo, en 2005, es al revés, y por mucho más.

Figura 3. Ingresos del atleta y directivo mejor pagados en Estados Unidos

 Diapositiva3

Datos tomados de Forbes. 22-oct-2006

Pero el dato del mejor pagado no es tan útil, de forma que ahora le presento la información del promedio de ingreso de los directivos (CEOs) y de los 10 atletas mejor pagados en Estados Unidos, también con datos de Forbes. Al respecto, Piketty insiste en que las listas de Forbes, aunque tienen muchas deficiencias metodológicas, son de las pocas fuentes de información acerca del ingreso de los más ricos. Tiene toda la razón.

Figura 4. Ingreso promedio de los atletas y directivos de empresas en Estados Unidos

 Diapositiva4

 CEOs, http://www.forbes.com/lists/2011/12/ceo-pay-20-year-historical-chart.html  Extraído 20 oct 2013 12 AM Atletas, http://www.topendsports.com/world/lists/earnings/forbes-index.htm

 

Como puede usted observar, ambos grupos incrementan su ingreso con respecto al estadounidense promedio, pero los atletas multiplican por 4 ese ingreso, mientras que los directivos han estado entre 2 y 3 veces, más cerca de la primera cifra. Sólo como referencia adicional, de acuerdo con el almanaque el ingreso promedio de un beisbolista de grandes ligas ha crecido 75 veces más que el ingreso del estadounidense promedio entre 1975 y 2010.

Desde fines de los años setenta es muy claro el cambio al que Goldin y Katz hacen referencia, que no se nota sólo en mucho mayores ingresos para las personas con más estudios, sino para quienes tienen las habilidades útiles para la economía actual. Hoy, a diferencia de toda la historia humana, las personas tienen una cantidad muy grande de tiempo libre, y eso ha incrementado significativamente el consumo de bienes y servicios para ocupar ese tiempo. Por eso las empresas que más valor han conseguido recientemente son las redes sociales, como Facebook y Twitter, los juegos electrónicos, los deportes, quienes participan en medios, etc.

Pero Piketty no puede aceptar esto, y prefiere culpar, sin muchas pruebas, a los directivos de empresa. Como siempre, en ese grupo, como en todos, hay personas buenas y malas, pero eso no tiene que ver mucho con la discusión de la desigualdad, sino con la moral. Permítame un último dato en este tema. Piketty se molesta mucho, como la inmensa mayoría de la humanidad, con las grandes ganancias de los intermediarios financieros. Pero páginas más adelante, al comparar los rendimientos de los fondos de las universidades estadounidenses, escribe que Harvard, que es la que tiene el fondo más grande, obtiene rendimientos sobre su capital mayores que las universidades con menos recursos. Y dice que eso puede ocurrir gracias a que Harvard destina 100 millones de dólares al año al manejo de esos fondos, una cantidad impensable para la mayoría de las universidades. No parece darse cuenta Piketty de que ese ejemplo explica por qué los intermediarios financieros ganan cantidades extraordinarias. Para Harvard, esos 100 millones implican una ganancia de 600 millones por encima del promedio de universidades, pero para los operadores, esos 100 millones seguramente implican bonos monumentales. Entonces, ¿sirven o no los intermediarios financieros?

Aquí mismo, Piketty se pierde en su perspectiva moral, y acaba haciendo juicios que Sala-i-Martín considera indignos:

 Finalmente, acabaré los comentarios sobre la tercera parte con una mención a la sección llamada “la jerarquía moral de la riqueza” (página 443). En esta sección Piketty se embarca en una indigna discusión sobe la moralidad de los ricos a los que trata de parásitos y ladrones. Después de describir cómo algunos dictadores han obtenido sus fortunas (y habla de los pisos que tiene en Paris el hijo de Teodoro Obiang, presidente Guinea Ecuatorial, de los oligarcas rusos o los magnates del petróleo de oriente medio), Piketty habla de forma despectiva de los ricos como Bill Gates “a veces uno tiene la impresión de que Bill Gates inventó los ordenadores… El culto a Bill Gates es, sin duda, el resultado de la necesidad irrefrenable que tienen las democracias modernas de justificar las desigualdades”. Al poner en el mismo análisis las fortunas de ladrones, dictadores y empresarios innovadores, Piketty suggiere entre lineas que todas las fortunas del mundo, de algún modo, han sido acumuladas por métodos fraudulentos por lo que la expropiación sería justificable casi siempre. Este tipo de afirmaciones, más propio de panfletistas marxistas que de un profesor de economía serio e imparcial que intenta entender la evolución de las desigualdades en el mundo y proyectan una imagen de Piketty, no como el economista de prestigio que es, sino como de sectario que odia a los ricos por el mero hecho de ser ricos (y que quizá explican un poco las recomendaciones que hará Piketty en la parte final del libro). Me abstendré de dar más opinión sobre este capítulo del libro que, insisto, considero totalmente indigno de Piketty.

Cierro esta sección con otra gráfica utilizando datos de Forbes. Se trata de los billonarios estadounidenses de 2013, agrupados por sector. En ese año hubo 442 billonarios con una riqueza total sumada de 1,873 billones (estadounidenses, de 9 ceros). De acuerdo con la idea de Piketty de que esta riqueza puede generar una tasa de 5% anual, el ingreso de estas 442 familias es de 94 mil millones de dólares al año. Si la tasa de rendimiento es como la que obtiene Harvard, entonces sube a 150 mil millones de dólares. Indudablemente un grupo con una riqueza inmensa.

 Figura 5. Fortunas de las personas más ricas de Estados Unidos, por sector

Diapositiva5 http://www.forbes.com/sites/erincarlyle/2013/03/06/full-list-u-s-billionaires-of-2013/ extraído 30 marzo 2014, 12.40

Sin embargo, esta riqueza no está en manos de los financieros, como imaginan Piketty y otros. Observe usted que los financieros son, como grupo, el de mayor riqueza, pero tanto en el promedio como en los cinco más ricos, quedan por debajo de otros sectores. El que ha generado riquezas mayores es el de Tecnologías de Información y Comunicaciones (TIC), seguido de ventas al menudeo (retail) y ventas de bienes primarios (commodities). Incluso los productos consumibles (consumer goods) están por encima de las finanzas, y la industria del entretenimiento (que incluye aquí educación, turismo y medios) está al mismo nivel.

6. Esa desigualdad es mala para la economía y para la democracia.

Lo último es que Piketty afirma en todo el libro que la desigualdad es mala para el funcionamiento de la economía y para la democracia, algo con lo que casi todos estarán de acuerdo, pero sin saber por qué. Piketty no lo dice. Nuevamente, Sala-i-Martín:

Pero aquí querría comentar un problema mucho más fundamental: Piketty nunca explica de manera convincente por qué las desigualdades económicas son importantes y por qué representan la semilla de la destrucción del capitalismo. A veces habla utiliza la expresión “es evidente que las desigualdades son socialmente perjudiciales o insostenibles” y a veces dice que “las desigualdades generan malestar social que van a acabar dando lugar a inestabilidad política (pacífica o violenta) que va a acabar con el capitalismo”. El primero no es un argumento sino más bien una opinión. Y el segundo se basa en algún tipo de teoría política vaga que, para ser convincente, debería desarrollar.

Como la gran mayoría, yo creo que la desigualdad puede llegar a ser muy grave. En particular, me parece que cualquier desigualdad producto de privilegios de nacimiento es dañina, porque restringe la libertad de quienes no tienen esos privilegios. Por eso la desigualdad del siglo XIX en Europa era tan dañina, porque seguía siendo la misma desigualdad de la historia humana, en la que algunos nacen con más privilegios y otros con menos, y eso no cambia en toda su vida. Ésa es la gran diferencia del capitalismo: en éste, se puede cambiar la suerte del nacimiento. Eso es un avance inmenso, aunque pueda pensarse que es insuficiente. Con algo similar cierra Sala-i-Martín su reseña:

Gracias al sistema capitalista, Thomas Piketty ganará mucho dinero (más de un milón de dólares) con las ventas de su ya famosísimo libro. Una parte importante se la quedará el gobierno francés que él ayudó a llevar al poder el año pasado. El resto, podrá gastárselo como prefiera: haciendo fiestas, comprando libros, ahorrándolo para su jubilación… o incluso haciendo algo tan detestable como es dejárselo en herencia a sus hijos. Libertad para que tu puedas elegir, Thomas: ¡Esa es la gran belleza del capitalismo en el siglo XXI!

La referencia a la herencia que hace aquí proviene de las recetas que en la última parte del libro nos ofrece Piketty. En esencia, se trata de reducir lo más posible las herencias y cobrar lo más que se pueda a los ingresos, especialmente a los más altos. Llega a sugerir tasas de 80% para los más ricos en Estados Unidos (no muy diferente del 75% que impuso Francia hace un par de años precisamente por sugerencia de Piketty). Afirma que eso no tendría impacto en la eficiencia económica. Puesto que la tasa bajó desde 70 hasta 28% a inicios de los ochenta y la economía no creció más, pues si sube de 28 a 70% no tiene por qué crecer menos. Hasta para un comentario casual esta idea es mala.

En suma

Decíamos que Piketty sigue esta lógica:

  1. Si la ganancia del capital es mayor que el crecimiento de la economía (r>g), el capital se irá incrementando continuamente.
  2. Este incremento continuo del capital ocurrió durante el siglo XIX, y sólo se corrigió gracias a las dos guerras mundiales.
  3. Sin embargo, desde 1980 nuevamente ha crecido el capital y ya alcanza el nivel previo a la I Guerra Mundial (la Bella Época).
  4. Esta gran cantidad de capital, además, está concentrada en pocas manos. Cada vez menos personas (proporcionalmente) tienen más riqueza.
  5. Porque su ingreso ha crecido desproporcionadamente, y
  6. Esa desigualdad es mala para la economía y para la democracia.

Y henos visto que su punto de partida es erróneo, la tasa de ganancia del capital puede ser mayor que la tasa de crecimiento sin que eso implique acumulación. Es más, en el siglo XIX no hubo acumulación, sino que la riqueza se mantuvo en niveles extremadamente grandes en Europa. Eso terminó con la I Guerra Mundial, que destruye el viejo arreglo social y económico, y la II Guerra tiene un impacto mucho menor. En las siguientes tres décadas el nivel de riqueza es relativamente bajo, y empieza a crecer a partir de 1980. Eso es cierto, pero no en la magnitud que Piketty imagina, producto de incluir la vivienda como parte de la riqueza, como si fuese riqueza productiva. La concentración de esa riqueza, por otra parte, sólo parece existir en unos pocos países, destacadamente Estados Unidos, Canadá y Reino Unido. En el caso estadounidense, ese incremento en riqueza parece asociarse más al cambio tecnológico que a simple rentismo, como Piketty imagina. Es más, el incremento de ingreso del grupo más rico depende fundamentalmente de ingresos por trabajo, y no de rentas del capital. Y ese ingreso ha crecido significativamente más entre atletas y miembros del entretenimiento que entre directivos de empresas.

Así pues, ni las “leyes del capitalismo”, ni lo datos, ni el análisis o las conclusiones de Piketty tienen mucho sentido. Y esto nos lleva a un último punto que merece atención:

¿Por qué si el libro tiene las fallas mencionadas, ha tenido una recepción tan espectacular?

Me parece que esto es fundamental. El libro es un producto muy inferior al resto del trabajo de Thomas Piketty que, insisto, es de gran importancia. Pero las limitaciones de sus datos, y sobre todo lo inadecuado de sus interpretaciones, son muy notorios en “El capital del siglo XXI”. Lo lógico hubiera sido que este libro pasara sin pena ni gloria, como le ocurrió en Francia y como ocurre a tantos libros de economía o de coyuntura.

Lo que convirtió a este libro en un fenómeno editorial, me parece, es que tuvo la gran fortuna de coincidir con lo que muchas personas piensan en Estados Unidos en este momento, y adicionalmente con un momento de polarización en el que buena parte de la intelligentsia de ese país ha tomado partido por el tema de la desigualdad, el abuso de los ricos, etc. Esto no es una coincidencia, sin embargo, porque ya veíamos que el movimiento del 99%, que también fue conocido como “Occupy Wall Street” y sus variantes, tuvo su origen en las ideas que el mismo Piketty, con Sáez, habían publicado en el American Economic Review un par de años antes del inicio de la Gran Recesión. Los números de Piketty y Sáez, que se ven muy preocupantes fuera de contexto, fueron utilizados por varios analistas y se convirtieron en tema de todos, al extremo de que en 2011 el mismo presidente Barack Obama afirmaba que la desigualdad era el problema.

Dos estudiosos que fueron instrumentales para el crecimiento de esos movimientos, para el proceso de polarización y para el éxito de Thomas Piketty son Joseph Stiglitz y Paul Krugman, ambos premios Nobel de economía. Un evento en el que comentan, junto con Steven Durlauf, el libro de Piketty puede verse en video aquí. Es un video de hora y media, y en inglés, pero puede ser interesante verlo para confirmar que ni Stiglitz ni Krugman habían leído el libro, aunque coinciden con las ideas de Piketty por su trabajo previo.

Si gusta usted ver más reseñas, aquí y aquí puede encontrar varias. La reseña de Paul Krugman en en NYRB  me parece que confirma lo que comentaba acerca de que no leyó el libro, puesto que simplemente lo festeja y toma como ciertas las 6 afirmaciones que hemos comentado previamente. Pero incluso Krugman se da cuenta de que la número 1 (r>g) no tiene ningún sentido. También Krugman cree que el 1% más rico lo es por rentas y no por productividad, pero no lo hace reforzando los datos, sino aceptándolos sin más. No es extraño, por lo que comentamos antes acerca de la posición del profesor Krugman.

Una reseña que muchos seguidores de Piketty han festejado es la de Robert Solow en TNR en buena medida por su título, “Piketty is right”. Sin embargo, el también premio Nobel es mucho más cuidadoso que los anteriores. Solow menciona que Piketty confunde capital con riqueza, como varios otros han mostrado, y también se da cuenta de que r>g puede llevar a acumulación de riqueza, pero puede no hacerlo. O, en otras palabras, no tiene sentido. A pesar del título, me parece que la reseña es más bien crítica.

Entre quienes coinciden a grandes rasgos con Stiglitz, Krugman o Piketty, pero sí leyeron el libro y mantienen una visión crítica, los posts de Bradford De Long son muy interesantes. En éste afirma que hay críticas buenas y malas. Las serias son:

  1. Que Piketty se mueve entre una concepción física del capital y otra de valor de mercado de forma poco legítima. Esto esconde el hecho de que la acumulación de capital que hace los ricos más ricos también hace que el poder de negociación en el mercado laboral crezca.
  2. Que el marco de Piketty conecptualiza los temas de forma poco clara y contraproducente al hablar de tendencias y no de patrones de equilibrio
  3. Que Piketty no tiene una teoría de qué es lo que determina la tasa de ganancia, y por lo tanto de lo que determina los salarios
  4. Que Piketty asume que la tasa de ganancia tiene un piso del cual no baja
  5. Que la verdadera razón histórica de los procesos no son la tasa de ganancia r y la tasa de crecimiento g de los que Piketty habla, sino 1) la destrucción económica de la riqueza relativa de la vieja aristocracia europea conforme sus rentas sobre la tierra se colapsaron frente a la competencia de las nuevas regiones agrícolas en el Nuevo Mundo, y entonces 2) el alza de la riqueza urbana en la forma de relocalización del crecimiento poblacional y la densidad económica.

Y procede a analizarlas. Las quejas 1, 3 y 4 tienen mucho que ver con el problema de confundir riqueza y activos, así como definir adecuadamente qué es la tasa de retorno del capital, la r. No es cosa trivial, como afirma el mismo De Long, y esto se refleja en que el modelo que construye para contestar 2 requiere, al menos, cuatro diferentes traducciones de r. El modelo puede verse aquí . La última crítica, que aquí mismo hacíamos, De Long afirma que es la crítica de los historiadores y que él no ha pensado lo suficiente en ella.

Branko Milanovic es una de las personas que más sabe de desigualdad, Es el experto del Banco Mundial en este tema, y se publicará una reseña suya muy concienzuda en el próximo número del  Journal of Economic Literature cuya versión preliminar puede verse aquí. Aunque inicia diciendo que podría calificar el libro de Piketty como uno de los mejores de las últimas décadas, conforme avanza el texto va uno encontrando las mismas críticas que ya hemos comentado. Milanovic, sin embargo, no cree que sean críticas demoledoras.

Pero permítame utilizar una gráfica de Milanovic para ilustrar lo que creo que explica el gran éxito de Piketty en Estados Unidos. Esta figura muestra cómo ha cambiado el ingreso de las personas por grupos de 5%, del más pobre al más rico, en el mundo entero en los 20 años que van de 1988 a 2008. Observe que empezando después del 5% más pobre y hasta el 75%, y del 85 al 100%, todos incrementan su ingreso. Más interesante aún, del 10 al 70% con menores ingresos lo incrementa en más del 50%. Ese incremento es similar al de los más ricos, que son superados, en términos de incremento, por la mitad de la población.

global_income_growthSin embargo, hay un 15% de la población que no incrementa su ingreso, o que incluso pierde: el 5% más pobre del mundo, y quienes están entre el 70 y el 80% de la distribución. En términos relativos, frente a quienes incrementaron su ingreso en 50% o más, tanto el 10% más pobre como el grupo que va del 70 al 95% han visto su situación deteriorarse. Y el segundo grupo incluye a una inmensa cantidad de personas en lo que solemos llamar “mundo desarrollado”. Ellos son los que se han sentido dañados por lo ocurrido en el mundo desde 1980, y por lo mismo coinciden con visiones comolas de Stiglitz, Krugman, o ahora Piketty. Más allá de si hay o no razón, sí hay una explicación.

Ya no sé si seguir con más opiniones, así que termino mostrando la de Jamie Galbraith en Dissent que a mí me parece muy interesante porque retoma la muy famosa discusión (entre economistas) entre los dos Cambridge, hace más de 50 años. Es interesante porque se refiere a la gran dificultad de medir, analizar y utilizar el capital como concepto. Pero tal vez ya sea demasiado.

***

Finalizo reiterando que Thomas Piketty ha hecho una gran contribución con su trabajo acerca del ingreso y riqueza de los más ricos, pero esa contribución se nota poco en su libro, en el que tienen más espacio e importancia sus creencias y opiniones, muchas de ellas infundadas. Pero son precisamente esas creencias y opiniones lo que le ha permitido convertirse en un éxito de librerías y, como dice Sala-i-Martín, obtener mas de un millón de dólares. Los datos duros, publicados anteriormente, lo colocaron como un economista de prestigio. Las creencias y opiniones, como un intelectual público multimllionario. Rebelarse vende, se titulaba un libro hace unos años. Vende mucho, sin duda.

 

 

 

4 responses

  1. El comentario de Moisés me recordó a Jaime Sabines quien, alguna vez dijo, algo asi como; los dos llevan al mismo fin pero uno con corazón y el otro sin él. Poeta pero inexacto: Son los principios y las prácticas del capitalismo las que han sacado al mundo de la pobreza extrema (y lo siguen sacando). Los malos políticos ignoran cómo funciona la economía o no le hacen caso y así es como ganan elecciones, como dijo, alguna vez don Salvador Rosas Magallón: Es un partido (el PRI del siglo pasado, el de ahora, está por conocerse) que quiere tanto a los pobres que todos los días hace más pobres.

  2. Quiero agradecer a Macario que se “chutó” el libro en inglés y también las opiniones de los otros economistas. No soy economista, pero supe del impacto del libro de Piketty en EEUU, y las discusiones que surgieron, y que en Latinoamérica ni por enterados. No cayó en la crítica fácil de quienes atacaron a Piketty por ser un economista “marxista” que ataca a los ricos, y se puso analizar sus estadísticas. Otra opinión que me gustó fue la Moisés Naím, quien dijo que tal vez el libro no fue noticia en Latinoamérica porque ya estamos acostumbrados a la desigualdad.

  3. Pingback: Leyendo a Piketty: la primera ley fundamental del capitalismo. Juan Ramón Rallo – Cedice Libertad

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